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XXIV Jornadas Anuales de la EOL
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Boletín # 4 - 03 de junio de 2015

La frase de la semana pasada era de la inclasificable Norma Jeane Baker o Marilyn Monroe, como ustedes deseen reconocerla.

De hecho la primera que lo hizo fue Elsa Maluenda, nuestra querida amiga, que tomó la delantera en los comentarios del post en el Boletín # 3 de nuestra fanpage.

También participaron -minutos después- Merce Alonso, Adriana Valmayor, Susana Wodlinger y Lau Pizzuto. Gracias a todas y felicitaciones a Elsa!

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Celeste Viñal

 

El boletín nos acerca los aportes de Beatriz Udenio y Marcelo Marotta en torno a aquello que les ha evocado la entrevista a Brian Chambouleyron sobre solos y solas en la versión del tango. Así, a cada entrevista realizada le seguirán las resonancias y lo que con el Psicoanálisis puede decirse de ello.

Gustavo Slatopolsky

 

De la nostalgia al humor
En una época me cautivaba el aspecto nostálgico del tango, allí donde las historias de abandonos, soledades y exilios se tramaban en su poesía y en algunas melodías cuya cadencia emotiva me tocaba entrañablemente. Me gustaba cantarlos y revisitar la emoción de esa fractura: "Vivir, con el alma aferrada a un dulce recuerdo, que lloro otra vez..." Seguramente, eso daba a mi interpretación un color especial.

Pero un día eso dejó de funcionar así. Se disolvió en un instante crucial en mi análisis, la nostalgia se mandó mudar, junto con las ficciones en las que se había enclavado: la pobre extranjera que no encontraba su lugar, el amor que no fue; los proyectos inconclusos. La puntada final provino de captar que el objeto voz nacía perdido, y la satisfacción resultaba al bordear su trayecto.

Eso tuvo consecuencias en mi gusto por cantar tangos, en todo caso, cambió su coloratura. Como me parece ocurre en la entrevista a Brian Chambouyleron: hay un cierto humor que reemplaza la nostalgia, lo cual no lo hace menos serio. Al contrario.

Beatriz Udenio

 

Las compañías de la soledad, esta frase resumiría lo que evoco al escuchar los planteos de Brian Chambouyleron sobre la soledad y el tango.

La soledad tanguera siempre se acompaña de "la triste ceniza del recuerdo", de fantasmas y reproches. El hombre puede ir "solo y triste por la acera" pero cargando con "aquella que con su olvido hoy ha abierto una gotera".

Es una soledad que permite predecir un destino, en general cruel: "Desde mi triste soledad veré caer las hojas muertas de mi juventud" o apuntar a un ser, aunque sea de desecho: "Y yo voy como un descarte, siempre solo, siempre aparte, recordándote", que no distingue de sexos porque "Sola, fané, descangayada…" se muestra como "esto que hoy es un cascajo…"

Brian vincula la soledad con la pérdida de la alegría que implica el fin de un amor, sin embargo la soledad también puede estar acompañada por un estado de alegría, incluso maníaco: "Victoria, saraca victoria! pianté de la noria, se fue mi mujer".

La soledad de Freud, cuando inventa el psicoanálisis, o la de Lacan, cuando funda la Escuela: "Fundo, tan solo como siempre he estado en mi relación con la causa psicoanalítica…", esas son soledades de otro cantar.

Marcelo Marotta

 

LADO B
Luego de los comentarios estrenamos lo que hemos dado en llamar "lado B"; una sección que no estaba en nuestros planes: qué hacer con el material que consideramos valioso pero que no "entraba" por cuestiones de espacio o yuxtaposición de temas en juego.

Lado B pues para quien quiera disfrutarlo!

Quizá más que parte de una entrevista no publicada -lado B- haya que dejarse llevar aquí por una suerte de relato apasionado que intenta dar cuenta de ese momento de soledad en el que algo precipita como canción, trayendo un poco de alivio a un deambular de días tras eso que en un momento constituye, finalmente, – el gesto de Chambouleyron en el contorneo de sus manos sobre esa nada es elocuente - un cuerpo de canciones. Y la canción hace surco en el cuerpo del músico. El cuerpo cobra nueva forma. Nada queda igual cuando el momento solitario de la búsqueda se sella con el instante de la soledad del acto.

Y con la canción hecha surco sale el músico del encierro en pos del encuentro ¿y que encuentra? La imposibilidad de saber que le pasa al otro al ser tocado por esa canción. Y lejos de hacerlo desfallecer, la transmisión de un surco que hace surco en otros pero que no sabe donde, como, ni con que coloración , hace vivido el encuentro. Una y otra vez, solos y solas.

Gustavo Slatopolsky