Escuela de la Orientación Lacaniana Volver al sitio de la EOL
XXIV Jornadas Anuales de la EOL
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Boletín # 21 - 30 de septiembre de 2015

Blanca Sánchez y Esteban Klainer nos transmiten sus impresiones sobre nuestro cura entrevistado. Esteban ha quedado sorprendido de un cura que habla de su soledad cuando entendemos que justamente es alguien que ha consagrado su vida al Otro. Un destello nos comparte, lo que nombra "la soledad del trauma". Blanca subraya la manera en la que un sacerdote mediante los rezos y los salmos llena el vacío angustiante de la soledad. Y su conclusión… léanlo no les adelanto más.

Gabriela Grinbaum

 

Por las noches la soledad desespera…
Esteban Klainer

Un cura hablando de la soledad del otro, esa a la que acompaña cotidianamente, no sorprende. Un cura hablando de la propia soledad, sorprende un poco más.
De antemano uno podría pensar que alguien que ha consagrado su vida al Otro, nunca se encuentra solo.
Y sin embargo… algunos embates de lo real no dejan de presentarse, dando cuenta así, de la radical soledad del trauma. Agujero, abismo, aridez, angustia, "fea" soledad, son las formas de nombrarlo.
Asimismo nos transmite con mucha claridad el tratamiento que hace de ese agujero por vía de una palabra plena de sentido, para lo cual "la religión es inagotable"[1].

 

Y no obstante… nuestro cura puede tener la experiencia que para él también, algunas veces, "por las noches la soledad desespera"[2] .

NOTAS

  1. Lacan, J. El triunfo de la religión, Paidós, Buenos Aires, 2005, p. 78
  2. La soledad tema de Bersuit Vergaravat

 

Solo con Dios
Blanca Sánchez

La soledad en la vida de un sacerdote es una soledad doblemente consagrada a Dios. Por un lado, le consagra la soledad en el sentido de "estar solo" que implica renunciar a estar acompañado, a pesar de las muchas maneras que se puede encontrar de paliarla, consagra su soledad a la sola compañía de Dios. Por el otro, frente a la soledad "más dolorosa y angustiante", esa que enfrenta al abismo, al desierto y al vacío, la oración, el rezo, los salmos, llenan la soledad ofreciendo consuelo. Cómo no evocar aquí el poder ensalmador de la palabra de la que nos habla Freud en sus Conferencias de Introducción al psicoanálisis. En todo caso, se trata de estar y hablar frente a frente con el Señor.

 

El famoso grito de Jesús en la crucifixión cuando reprocha al Dios Padre el haberlo abandonado, no se explica como el abandono de Dios sino como la posibilidad que éste dio a su Hijo de experimentar el abandono, lo que le permitirá así acompañar a aquellos que enfrenten la misma situación. Sea como sea, Dios acompaña siempre, no abandona jamás. "Cuando el Otro partió y los deja solos, librados a la angustia desolada ante lAcosa, se aferran como desgraciados a su carretel, a su oso de peluche, y después cuando crecen, a otros objetos que intentan reemplazarlo pero que evidentemente no lo consiguen". Si bien Laurent se refiere aquí al objeto a, aquello a lo que se apela cuando el Otro ya no es ese lugar donde se aliena, cuando aparece el desierto de la Cosa, la religión propone como su "oso de peluche" el volver a la alienación al Otro de la palabra y a la consistencia del Padre que jamás abandona a su hijo. Podríamos concluir entonces: el religioso vive solo y sólo con Dios.